sábado 25 de diciembre de 2010

trabajo final seminario



SEMINARIO

ACCIÓN Y ARCHIVO

Dra. Ana María Martínez de la Escalera

Dra. Erika Lindig Cisneros



Las sesiones que tuvimos durante el seminario «Acción y Archivo» ayudaron directamente a reflexionar sobre el origen, contenido y dirección del trabajo que actualmente estoy realizando dentro del Posgrado de Artes Visuales, en su especialidad de grabado. La investigación en marcha se denomina «Este libro es falso, el autor», y los intereses que le dan motor pueden abreviarse en los siguientes términos:


Cuando el mundo de las ideas, el de las acciones y el de los objetos se cruzan entre sí para que uno sea modelo de explicación de otro, siempre existe el riesgo de que el resultado sea erróneo debido a su parcialidad o su franca simulación. La posición de intento fallido, su incapacidad de concluír sobre otra cosa sino, al final, tan sólo sobre sí mismo, devuelve al modelo ciertos rasgos de veracidad; recuperado en este nuevo estado es entonces que puede acercarse, ahora sí, a platicar de los otros mundos y con los otros mundos de manera certera y vital, antes que terminante y cerrada. En el caso de los objetos, en especial los hechos por mano nuestra, esta idea es más palpable debido a que su materialidad ha surgido a partir de la nuestra y al mismo tiempo la trasciende, es decir, pueden existir autónomos a pesar de haber surgido dependientes; de esta manera es, además, como podemos aprovecharlos de puente entre distintos tiempos y lugares, cuestionando los criterios con que solemos limitar y administrarnos en estos dos planos.


El tema de investigación surgió al conocer a dos autores activos en la primera mitad del siglo XX, uno escritor: Julio Torri, y otro grabador: Fco. Díaz de León, y percibir un sentimiento muy parecido al de la amistad a pesar de nunca haberlos conocido en persona e ignorar minucias sobre su obra y biografía. Al ir profundizando en la información sobre ellos registrada en libros, fotografias, museos y hasta panteones, la inquietud personal se acrecentó pero las respuestas fueron, en contraste, pocas. La resolución fue, entonces, abordarlos igual que hace uno con los amigos en el cotidiano: encontrar entendimiento (o no…) a partir de ideas, acciones y objetos compartidos, sin para ello requerir de respuestas expresas y precisas.


El inconveniente obvio es que ambos autores están muertos, y desde hace mucho; sin embargo, partiendo de la idea de que un amigo no es tal en sí mismo sino por la relación con uno, es por medio de uno que puede resucitar y retomar su posibilidad generadora. La estrategia principal ha sido simular ser ellos mediante máscaras y otro tipo de suplantaciones durante sesiones de dibujo y grabado, entrevistas con personas que sí los conocieron en vivo, y demás acciones, para, al final del posgrado, intentar producir un libro entre los tres (Torri, Díaz y un servidor) e insertarlo furtivamente en todos esos archivos consultados que resultaron insuficientes para saciar las interrogantes personales; el objetivo de tal inserción será, principalmente, llevar el objeto al lugar idóneo por su vocación de resguardo para que rete dicha capacidad a partir de la contradicción entre su falsedad manifiesta y su veracidad como objeto tangible que habla de algo real; y por otro lado, buscar que el contenido del nuevo impreso halle mayor sentido al estar al lado de otros libros relacionados con los autores, a sabiendas de que, aún con la ambición de poder incidir sobre la formación de un cuerpo de conocimiento cada vez más profundo y extendido, por el contrario, dejará subrayado que jamás llegará a ser suficiente y mucho menos completo.


El libro mencionado está planeado para producirse en los próximos meses y es una suerte de obra final del posgrado, pero durante el semestre que ahora cursamos se produjo un conjunto de subproyectos que funcionaron como ensayos periféricos intentando aproximarse a la idea central; estas obras surgieron del diseño de operaciones concretas en las que la importancia del resultado final (el objeto plástico, tangible) no necesariamente tuvo valor sino por su capacidad de provocar situaciones y reflexiones durante el propio acto de hacerlos; y en su transcurso, las pláticas del seminario «Acción y Archivo» fueron una brújula muy apreciada.


A continuación se describirá la manera en que fue generándose cada subproyecto acompañada de una tentativa por vertir en palabras las principales relaciones que los enlazan con las ideas teóricas discutidas durante el seminario.



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1. LA COPA

Este proyecto es un librito de ocho páginas que se originó en las primeras sesiones del seminario al confrontar la dinámica que llevaríamos a cabo con la que guió un seminario teórico tomado con anterioridad dentro de la Academia de San Carlos; en este último, a pesar de que el contenido fue excelente, la posibilidad de disentir u observar desde otras perspectivas quedaba restringida por una ruta trazada casi con machete por el titular, no había mucha oportunidad de participar y fallar sin recibir reprimendas que llegaban a estados realmente agresivos. Si el eje de una clase es normalmente compartir conocimiento, en este caso se volvió sobrevivir al autoritarismo. Al ingresar al nuevo seminario, igualmente teórico y riguroso pero que ya desde la primera sesión ponía en duda partes de su propio formato (como prescindir del micrófono, bajar del estrado a los ponentes, renunciar a ciertas herramientas filosóficas y hasta rescatar nuestras participaciones defectuosas para hilvanarlas nuevamente con la idea del día), surgió un contraste con cierta dosis de desconfianza como la del perro apaleado. La única manera de replantear «el estar» fue escribir dos discursos opuestos que pudieran sobreponerse y encontrar estabilidad entre sí, algo así como un veneno y su antídoto, sin considerar necesariamente al primero como perjudicial y al segundo como benigno, sino su relación íntima como esa manera para continuar.


Ambos discursos se escribieron y calaron posteriormente sobre distintas micas; al principio la idea era entintarlas directamente con rodillo y estamparlas sobre el papel para que el texto legible correspondiera a los espacios en blanco (los huecos, justo lo que no está, por ser el efecto del discurso, antes que el propio discurso, lo que queda fíjamente impreso en nuestra memoria), pero el resultado visual era demasiado pesado por los grandes bloques de color; por ello mejor se decidió usar las matrices como esténciles y aplicar pinturas en aerosol a traves de los calados; de cualquier manera hubo errores interesantes como que la presión del aire de las latas levantaba algunas zonas de las micas permitiendo que la pintura se colara por debajo y volviera borroso el texto, efecto algo parecido al que sucede en la cabeza de quienes nos falta ejercicio para malabarear con el mundo de las ideas.


Por otro lado, pareció curioso observar el montón de letras recortadas de las micas dejando claro que como partículas excentas, aún reunidas pero en forma de cúmulo de unidades independientes, o bien con un deber hacia el exterior como el de intentar describir algo que no son «ellas mismas», no cuajaban en un significado resistente sino hasta que entablaban una relación interna entre sí (a diferentes niveles: como palabra, frase, idea, etcétera). Osea que quizá fuera la existencia de estructuras enlazando las partes hacia dentro (horizontalmente, entre ellas) antes que hacia fuera (verticalmente, con algo ajeno) el factor que tuviera la posibilidad de perdurar, siendo, por ejemplo, que aunque un texto pueda ser pobre, siempre tendrá una coherencia interna por la cual poder ser leído.


Otra consecuencia del recorte de letras fue una especie de adquisición de conciencia por parte de los órganos físicos (la mano, el ojo) y su emancipación de la razón. El largo proceso para recortar miles de letras permitió que el cuerpo entrara en una larga acción repetitiva que le procuró el dominio y reajuste de los parámetros del ser entero en la misión. Si la mente había calculado inicialmente el proceso, los tiempos, el tipo de herramienta, los movimientos… al final fue el cuerpo quien determinó la manera en la cual llevar a cabo la acción. Se hizo notorio, por ejemplo, el desvanecimiento del mecanismo interno de la memoria que mide el tiempo, cediendo la tarea a la mano por el grado de cansancio que iba adquiriendo.



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2. CONVERSACIÓN EDITORIAL

Este segundo proyecto consistió en montar una imprenta emergente dentro de una librería abierta al público; de esta manera, un día por semana me citaría con un amigo para que, en vez de beber una cerveza y platicar, construyéramos una especie de conversación a través del acto de realizar un libro; así, partiríamos tan sólo de materia prima básica elegida de manera arbitraria (algo de papel, herramientas y tinta) y las ganas de hacer algo juntos, dejando de lado la idea de definir previamente un contenido por resolver sino de irlo encontrando sobre la marcha (al igual que hacemos cuando recibimos la visita de un amigo y se prepara de comer lo que haya en el refrigerador). Las otras reglas serían que tendríamos que acabar la producción en unas cuantas horas y que el tiraje final se repartiría equitativamente para que cada quien lo difundiera como quisiera.


La mayoría de amigos no estaban relacionados con el oficio de grabado, impresión ni encuadernación, lo cual les proporcionaba incertidumbre y un sin sentido por tener la perspectiva de que un libro se hace para que sirva de algo y no sencillamente que sale naturalmente al hacer algo; para efectos del proyecto permitió trastocar los parámetros con que uno irremediablemente clasifica y pondera decisiones, de manera que se develaron aristas distintas a las ya conocidas. Cambiar la directriz de la relacion verbal por la de la relación de acción dio lugar a sesiones inesperadas, diferentes a las que surgirían bajo las mañas que ya hemos adquirido con las herramientas del lenguaje hablado.

Por otro lado, sucedió que el hecho de realizar acciones de carácter ciertamente privado pero en un espacio físicamente público dejaba poco claro a los transeúntes los límites que podían o no traspasar. Aún hoy me sigo preguntando ¿porqué si uno se encuentra platicando con un amigo en la calle nadie suele colarse a la charla nada más porque sí, mientras que si uno está en una acción puede esperar a que suceda lo contrario? De pronto la mesa de trabajo se encontraba cubierta de botanas y bebidas a la manera de accesorios para una charla hablada, pero un poco estorbosas para una sesión de trabajo.


De cualquier manera el proyecto así planteado duró apenas tres sesiones; la última de ellas incluyó al dueño de la librería, y la agradable relación que habíamos mantenido hasta entonces bajo el dominio de la palabra se tornó incompatible con el mundo de la acción; de ésta ni siquiera quedó registro fotográfico del libro impreso y del cual, con trabajo, logramos apenas un solo ejemplar.


A partir de entonces han continuado las sesiones pero bajo un esquema que regresó el taller a un espacio físico privado y con las reuniones extendidas a múltiples días; una virtual desventaja es que también regrese cierto olor jerárquico en función de que «alguien» es el dueño del espacio y el encargado de resguardar el material entre sesiones, cosa que habrá que ir advirtiendo sobre la marcha. En algunos casos también se ha decidido delimitar algunos aspectos antes libres, sin embargo el proyecto básicamente sigue siendo trabajar entre amigos sin una idea fija previa.


El primero de los libros resultó de tomar un juego de lotería que había a la mano y echar las cartas como si se tratase del tarot. Poco a poco se armó una interpretación de las imágenes para el amigo a quien se las echamos; al final no pudo mas que confesar que correspondían irónicamente a su cruel presente, muy semejante al de un conocido criminal que recientemente había sido atrapado por la ley. Las imágenes se grabaron e imprimieron en la secuencia apuntada y se adhirió, como portada, un sobre de los usados para enviar comunicados fúnebres, con un poco de polvo en su interior.


El segundo libro surgió al imprimir una serie de objetos significativos que un par de amigos fueron recolectando durante un largo viaje en camioneta hasta la Patagonia; estos objetos no sólo se mostraban como «representación» de un desplazamiento que había cambiado muchos aspectos de su vida y por extensión la de sus amigos, en sí mismos eran los fragmentos tangibles de otras tierras y otras ideas que viajaron de regreso hasta el aquí y ahora ejerciendo su calidad de testigos. En términos generales se entintaron e imprimieron directamente sobre el papel para dejar su huella inmediata.



El tercer libro, y del cual no existe registro fotográfico, se realizó como un breve comic que hablaba de la necesidad de hablar de algo para que de ahí surgiera el propio comic como objeto.


El cuarto libro aún está en marcha y posiblemente es el que más cercanamente emerge de la acción. En éste colabora una amiga con quien hacemos brotar estampas que van respondiéndose unas a otras, encontrando su lugar en la secuencia del libro a partir de una estimación visual más bien intuitiva. Inicialmente sólo se definió el número de hojas que compondrá el libro, pero ni la técnica, ni los colores, ni los materiales, ni otra variabla de esta índole funcionan de límite previo en su elaboración.


El quinto libro, actualmente también en elaboración, se realiza en conjunto con un amigo escritor. Inició con el dibujo e impresión de cuatro imágenes que vibran recordando antiguos paisajes industriales; entre ellas comparten ciertos elementos formales que van apareciendo de distintas maneras y proporciones, pero que se mantienen presentes en todas. La idea es que el amigo escritor, quien nunca ha visto las imágenes, las conozca y signifique a través de terceras personas (dos amigos más que se sentarán a discutir sobre los dibujos en su presencia), de manera que pueda escribir de lo que no ve sino a través de los procesos de valoración, clasificación, discusión o acuerdo de quienes no son, ni los que los hicieron, ni los que redactarán y harán público su sentido final.


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3. RETRATOS DE JULIO TORRI

El tercer proyecto tiene una relación formal más directa con la investigación central mencionada al inicio del texto, la cual involucra a dos autores que ya no están vivos, uno de ellos el escritor Julio Torri. El trabajo empezó buscando por todos los medios (internet, libros, fototecas y demás archivos) cualquier retrato existente de Torri.


Si consideramos, como se platicó durante el seminario, que el sentido histórico de la fotografía es normalmente dar razón de un «aquí y ahora», existe un factor que quizá pueda darle un giro a la idea, y éste es la conciencia y voluntad de la persona durante la toma fotográfica. Aquel que posa lo hace en función de la manera en que pueda ser interpretado por un observador futuro, toda vez que asume que dicha fotografía será documento fehaciente para el porvenir (aquí aparece el espectro del que también se habló). En el caso de las fotos de Julio Torri, todas ellas posadas, resultan más bien el registro de un sistema con que el escritor evaluó, ordenó e hizo públicos (en la medida en que se dejó retratar) los rasgos que decidió serían los que construirían su persona (¿su ser?). La oposición entre una foto realmente cándida y una posada, es decir, entre pensarla como el registro del «aquí y ahora» o como el registro de un sistema de archivo, y lo que la tensión entre ambas significa para un posible reencuentro con la persona retratada, fue el punto del que arrancó este proyecto.


Todo inició con el intento de acercarse de manera literal a estas fotografías para penetrar en su más mínimo detalle de realidad. Por un lado, la circunstancia técnológica provocó que el brillo de los ojos o la textura de la piel se convirtiera en pixeles o en puntos de offset agigantados; por otro lado, la selección del nuevo encuadre, delimitando lo que se creyó la escencia del objeto y eliminando lo irrelevante (al igual que sucedió con las fotos del Holocausto), terminó excluyendo de la escena a los acompañantes y gran parte del cuerpo físico del propio escritor, disolviendo el contexto que habría determinado también el sistema de archivo del que antes se habló; sin duda uno se construye de cierta manera cuando sale solitario en la foto y de otra cuando sale como «el amigo de…».


Desde esta perspectiva, el acercamiento devino en la liquidación de la realidad «original» en proporción directa con la dimensión ampliada con que llegó a reproducirse el detalle. Así, reproducir se volvió un acto de intervención que alteró irremediablemente, aunque, por otro lado, fuera la única posibilidad de traer a nosotros a Torri en una nueva puesta en escena, tal como plantean los dibujos de paisajes industriales que escuchará el amigo escritor en el proyecto descrito páginas arriba.


En el caso de las fotos de Torri, la larga secuencia de procesos técnicos sólo nos dejaron claro que cada paso es un cambio y por lo mismo la posibilidad de continuar sobreviviendo dentro de nuevas realidades: del momento vivo del disparo de la cámara al negativo fotográfico, de éste a la impresión positiva sobre papel, luego a la digitalización en computadora, al reencuadre y finalmente a una nueva impresión que hoy tengo en la mano y con la cual se puede continuar el recorrido, aunque esta vez por un sendero que penetra en ese Torri vinculado a interrogantes propiamente privadas.


El proyecto, entonces, continuó mediante el traslado de los reencuadres fotográficas a matrices de cartón de gran formato mediante técnicas manuales, para posteriormente ser impresas y poder observar los resultados de este segundo mecanismo personal orientado a poner nuevamente en escena a Torri, habiendo sido el reencuadre sobre el monitor de la computadora el primero de ellos.



El resultado fue malo desde su arista estética salvo en un par de imagenes que, aún con los errores de dibujo e impresión, no cayeron en la caricaturización del personaje; sin embargo, vistas como proceso de reactivación productora de un objeto tangible, permitieron construir varias reflexiones adicionales a la de la constante alteración de una imagen enfocada como un sistema de archivo. Las cavilaciones se relacionaron principalmente con el sentido que guarda la producción de objetos, el problema de su cuidado y la responsabilidad post cradora que debe afrontar aquel que las ha realizado.

¿Qué hacer con las matrices de cartón, con las impresiones de gran formato? ¿deben exhibirse? ¿cómo montarlas, cómo transportarlas? ¿cómo rescatarlas en caso de problemas administrativos o vandalismo durante su exposición? ¿cómo justificarlas si lo que parece más interesante es el discurso tras de ellas? ¿cómo archivarlas conservativamente teniendo ese tamaño, en dónde? ¿cómo restaurarlas?…


Después de todo, el advenimiento de piezas físicas quizás haya traído consigo problemas que no necesariamente favorecen o ayudan a vigorizar la esencia del proyecto, a menos que uno se obligue a mirarlas diferente para actuar frente a ese espectro que amenaza con devorarnos ante el intento de responder las preguntas anteriores. Se habla de actuar y no desactivar porque de hecho el espectro ya existe ahí, al lado de cada una de las piezas que hay recargadas en la pared; de una u otra manera hay que tomar una decisión respecto al eventual destino que aún no llega pero que nos observa determinante.


La posible ruta fue visible al recordar la fortaleza del mundo de las acciones, su inmunidad al toque de la muerte en contraste con la sensibilidad del mundo de los objetos y de las ideas, justo porque en su naturaleza no va implícito nada que haya que cuidar; el recuerdo que resulta de ella, las cosas físicas que resultan de ella, pertenecen y son responsabilidad de los otros dos mundos, el de las ideas y el de los objetos. Así, lo que se decidió fue disponer de las piezas físicas resultantes de este proyecto para conectar y dar soporte a nuevas acciones, nuevas obras, tal como sucede cuando viejas ideas son puente para llegar al nacimiento de otras en las que permanecerán tan sólo como información genética. En el caso de los retratos de Julio Torri la propuesta se concretará ya incinerando las impresiones para preparar nueva tinta, ya compactando el material para realizar máscaras, ya cortando las matrices de cartón para construir las tapas de nuevos libros…


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4. EL JARRÓN

Este último proyecto fue un libro que se originó desde tres perspectivas precisas: la primera fue experimentar con técnicas de estampación a color; la segunda fue explorar las estructuras del lenguaje mediante un ejercicio de escritura; y la tercera, y más importante, continuar con la búsqueda de mecanismos en los impresos múltiples para reflexionar sobre las relaciones que entablamos en el plano amistoso. En su elaboración fue que se empezó a usar material proveniente del proyecto anterior: una de las matrices de cartón con el retrato de Julio Torri fue seccionada, reentintada y empleada como las tapas que protegerían al nuevo libro.


Respecto a la experimentación técnica no es muy llamativo abundar; se intentaron hacer distintas matrices que correspondieran a los colores primarios y con ello conseguir un amplio rango de matices pero el resultado fue fallido, el libro terminó siendo impreso en una sola tinta. Se hicieron apuntes para ir reconociendo mejor las cualidades y límites de la técnica usada, la cual es una ramificación de la litografía inventada en los últimos años del siglo XVIII.


En cuanto a la elaboración del texto, al igual que las imágenes que lo acompañarían, se intentó adquirir un tono parecido al de los libros infantiles, esos en los que no importa cuán inverosímil sea la anécdota, mientras internamente posea un andamiaje lógico que permita apoyarse y recorrerla con los pies y manos de la razón seguros de estar bien afianzados, y por delante del interés de llegar a ningún lado.


Y finalmente, el propósito con este libro fue apoyarse en las cualidades de reproductibilidad de los impresos para fantasear que cada uno de los ejemplares tirados son una extensión personal capaz de llegar y vivir un rato al lado de una serie de amigos de forma simultánea, de manera que las transformaciones que dicha relación produzca sobre el objeto, identificables gracias a la idea (supuesta) de que todos son exactamente iguales y cualquier diferencia corresponde a un hecho significante, podrán ser recuperadas como un retrato personal e íntimo de la amistad. Si bien se sabe de antemano que la recopilación de datos duros y su análisis aún están lejos de transformarse en un discurso imperecedero tal como le ha sucedido a la cincia, tan sólo porque la reproducción en reversa de esos datos no revive al objeto de estudio, lo cierto es que tienta pensar con certeza que en dichas transformaciones se encierra, crípticamente, varias pistas sobre la amistad.